Por
Tatiana Julio
Entrevista

La exposición "f1L0:dataLog", recientemente presentada en la Galería de Arte de UNIACC, disecciona una acción aparentemente simple —cortar leña— para pensar la relación entre cuerpo, tecnología, memoria y productividad desde una práctica expandida que cruza performance, programación, sonido y registro de datos.

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“Todo déjà vu es, entonces y sobre todo, querencia de futuro, es visión del futuro que aparece, por segunda vez en un antes, futuro preterizado.”
— José Luis Brea, Cultura_RAM. Mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica

Usualmente se dice que “hay cosas que nunca se olvidan”: andar en bicicleta, nadar, patinar, tocar un instrumento o leer forman parte de esa esfera práctica y perdurable que permanece latente en el recuerdo. Sin embargo, más allá del romanticismo históricamente ligado a esa frase, vale la pena preguntarse cuántas son esas cosas, cuáles son y por qué permanecen. No con el ánimo de quitarle belleza al asunto; al contrario, para entender qué hay detrás de lo que parece ser intuición y por qué es tan importante meditar y reflexionar en torno a la acción, al movimiento que nos lleva una y otra vez a un mismo lugar, a la repetición, a las formas que conducen y construyen el aprendizaje, y cómo estos aspectos resultan fundamentales para la consolidación de una habilidad (que nunca se olvida). 

Precisamente, son estos mismos aspectos los que nos guían hacia el trabajo del artista, músico y programador Christian Oyarzún y su más reciente exposición, f1L0: dataLog, presentada en la Galería de Arte de UNIACC. Allí, a partir de siete ejercicios, aborda distintas perspectivas de una misma acción cotidiana, una especie de crucigrama compuesto por variables que convergen en una sola idea: cortar un metro cúbico de leña mediante el uso de un hacha y un tocón intervenidos electrónicamente.

En medio de esta psicología de la memoria y la distracción, surgen algunas cosas interesantes a primera vista, así que vamos por parte.

En primer lugar, postData aparece, de alguna forma, como la pieza principal de la exhibición. Este video –proyectado en loop hacia el fondo de la sala– surge como una pieza documental que mezcla Processing y Open Computer Vision, inspirada en la obra de 1999 Setting a Good Corner (Allegory & Metaphor), del artista estadounidense Bruce Nauman.

Créditos: Sergio Toledo / Universidad UNIACC.

A partir de ese imaginario, Oyarzún exhibe las distintas etapas de un proceso que culmina en un video de 48 minutos y 43 segundos, en el cual procede a cortar un metro cúbico de leña utilizando un hacha conectada a un acelerómetro y a un giroscopio, dispositivos encargados de registrar movimientos, intensidad, frecuencia y orientación en el espacio.

Ahora bien, durante ese proceso ligado a la especulación sobre la productividad surgen otras capas: sonidos, información, análisis de datos y cálculos matemáticos. Y aunque solo se trate de tomar un hacha y realizar un corte, naturalmente hay mucho más detrás de esa acción.

De este modo, se presentan ante el público las distintas estaciones que forman parte del proceso –del aprendizaje, su aplicación y su permanencia en la memoria–, las cuales aparecen bajo títulos que nos devuelven una mirada de calidez necesaria, surgida en su momento como mecanismo para sobrellevar el invierno en Valdivia, ciudad donde se gestó el origen de este proyecto.

Así, encontramos propuestas como Reminder, Hackita, Toc-off, Log-Logger, Do the Math y Bonfire, piezas que establecen una especie de marco teórico desde el cual se disecciona la acción performativa presente en el video postData.

- Te iba a comentar, de hecho, que el conjunto se siente como retroceder una cinta.

- Sí, como que en ese momento estaba ahí cortando, pero también estaban esas “otras cosas” pasando en paralelo.

- Totalmente. Siento que hay una especie de mini viaje temporal que explica y recorre algunas de las variables principales del proceso hasta llegar al resultado final, al video. Está esa sensación de paso 1, 2, 3… como si todo el procedimiento se desplegara frente al espectador. Y lo otro que encuentro muy bacán es, sobre todo, esa especie de software de reconocimiento presente en el video, que funciona como una visualización del pensamiento: como la manera en que la mente llega a comprender el orden, la precisión y la lógica interna de la acción.

- Sí, sí. Por cierto, siempre está ahí… O sea, mientras estoy cortando también ya estoy en ese otro lugar, pensando cómo se van a explicar todos los objetos. 

- Sí, como recalculando todo el tiempo. 

- Claro, ocurre lo mismo con el registro de datos de la acción mediante el acelerómetro y el girómetro conectados al hacha, que después reproducen la información en otros dispositivos. En este caso, creo que registramos seis datos, además de un indicador de tiempo. Y ahí aparece también la colaboración con Nico, porque el trabajo consistía, básicamente, en cumplir los mismos objetivos y procesar los datos que estábamos obteniendo. Entonces Nico dijo: “¡Ay, pero le puse un tronquito!”, y después me dijo: “¡Imprimamos el hacha!”. Y quedó bacán.

- ¡Está buenísimo! Me gusta mucho ese ¡pow! ¡zap! ¡boom!; la huella de los golpes en la pantallita tiene una estética muy de cómic. Por lo demás, al encontrarse estas distintas formas en torno a un mismo objeto y a una misma acción, siento que funcionan como distintos archivos desplegándose dentro de una carpeta del cerebro dedicada a ese objeto. Como si, al abrir el archivo “leña”, aparecieran automáticamente todas las demás formas y formatos asociados al ejercicio de cortar leña. Eso me encanta del proyecto. 

Créditos: Sergio Toledo / Universidad UNIACC.

De esa imagen, poco a poco vamos reconociendo, en actos simples y cotidianos, toda la información asociada a cuestiones que aparentemente son bastante simples. Algo que se replica en cada paso que damos y que no solo se presenta en términos técnicos u objetuales, sino que también involucra todo el espectro de relaciones, implicancias y significados vinculados al espacio.

Dentro de ese entramado, todo aparece estrechamente interconectado, de la misma forma en que lo vemos representado en el trabajo de Oyarzún, donde cada capa del objeto de estudio es aprovechada al máximo para dar cuenta tanto de la complejidad como de la diversidad que yace en las posibilidades estéticas de la acción.

- El objeto de estudio aparece, en el fondo, completamente diseccionado. Está el sonido por un lado -Reminder-; el objeto que recibe el impacto -Hackita y Toc-off-; la luz producida por el golpe -Bonfire-; los datos recopilados por el objeto -Log-Logger-; y también las formas de reconocimiento del material y de comprensión de su funcionamiento óptimo -Do the Math-. A eso se suma lo relacionado con el proceso mental: el dato y la acción, y la manera en que ambos transcurren conjuntamente -postData-.

- Sí, es una buena lectura. Y, para agregar algo más, también está la decisión de trabajar con el cable a la vista, que tiene que ver justamente con la idea del dispositivo tecnológico sin caja; algo que, en el fondo, resulta súper difícil de registrar. Lo mismo ocurre después con la videoproyección, porque ese cuadro azul es prácticamente imperceptible en el registro. 

También quería agregar el tema del foco en Bonfire. Este foco me acompaña desde los 90… Ese sí que es viejo, es halógeno, y eso también es súper relevante, porque produce calor. Tiene una luz tremenda: son 500 watts. Pero claro, es más rico cuando puedo ocupar un halógeno. En este caso, es importante no solo por temas de color, sino también por el tema de la temperatura. Porque, en términos de recursos, el ejercicio tiene que ver también con enfrentarse a un invierno crudo, al frío, y que esta es la única forma de solucionarlo.

En este sentido, podemos intuir que en la meditación sobre lo cotidiano se imprime el recuerdo. Por lo tanto, si retomamos las palabras de Oyarzún, tal vez el problema de registro entre frames que plantea el artista es equivalente a la incapacidad de poner atención sobre las capas intermedias del aprendizaje. Es claro que, muchas veces, se nos dificulta incluso percibir lo que sucede entre los frames de nuestras propias vidas, aunque sea precisamente ese proceso intermedio el que –potencialmente– contiene el verdadero valor de la experiencia y el que, finalmente, nos dota de la capacidad de consolidar e inscribir nuevas habilidades en nuestro “esquema corporal”, en clave fenomenológica si se quiere y, más precisamente, desde una perspectiva merleau-pontiana.

Créditos: Sergio Toledo / Universidad UNIACC.

- Con respecto a ese último punto, ¿ves el hacha más cercana a la idea de extensión, de prótesis, o la enmarcarías dentro de otras formas de relación con los dispositivos?

- Es interesante. En general no tengo una relación tan protésica con la tecnología, sino más ortopédica. Y me parece que, si bien ambas amplifican, la ortopedia efectivamente te presenta contra lo ortogonal; o sea, te plantea contra una grilla, y tú te adaptas a esa grilla. La prótesis es al revés, pues tu cuerpo es la grilla. Yo soy más de la órtesis.

Ahora bien, estos cuestionamientos surgen y, al mismo tiempo, encuentran respuesta en el camino que consolidó f1L0:dataLog. Es decir, nos enfrentamos a un proceso que comenzó en 2003, que luego dio un salto hacia 2018 y que viene andando desde ese momento, hasta consolidarse y volver a tomar el hacha –casi como si nada– ahora, en 2026.

Para ser más precisos con los acontecimientos, Oyarzún agrega: 

- Yo estuve viviendo seis años en Valdivia, y toda la experiencia del traspaso, de los ajustes y de calefaccionar los espacios donde vivía con mi hijo y con mi familia fue crítica. Generar las destrezas, la mecánica y la técnica para seleccionar la leña adecuada, y luego saber cortarla correctamente para que funcione y caliente el hogar, se volvió la actividad más pregnante, la más importante durante ese primer periodo de adaptación. Y, poco a poco, además, comenzó a transformarse en una disciplina profundamente reflexiva y transformadora. Hay algo casi tántrico en pasar horas frente a una cantidad de materia que vas modificando geométricamente para obtener cierta ganancia en términos de energía y calor. Y ahí comenzó todo; esa fue como la primera gran volada, hace ya bastantes años, por ahí en 2018.

Créditos: Sergio Toledo / Universidad UNIACC.

Luego, años más tarde, la acción aprendida para cubrir la necesidad de calefaccionar se transforma en obra. La habilidad adquirida no solo permanece en la memoria, sino que insiste, se expande y da paso al corte desde otro lugar, desde otro clima y en otra estación del año; ad portas de un nuevo invierno en otra ciudad, lejos del sur, pero con la misma naturalidad en el gesto, como si todo hubiese ocurrido ayer. Y eso es lo curioso, finalmente. 

En esta línea, Bruce Nauman comenta, en una entrevista: “so you have to kind of not watch anything, so that you can be aware of everything” —“entonces tienes que, de alguna manera, no mirar nada, para poder estar consciente de todo”—. Es en ese espacio al que alude Nauman, donde se cruza el trabajo de Oyarzún con el trabajo del estadounidense: en aquello que no logra capturarse, en lo cotidiano, en la vista general que enriquece lo singular, en los frames azules, en la disposición de mirar sin fijarnos en nada en particular para no perdernos el plano completo.

Pero, por sobre todo, se cruzan en la posibilidad de aprovechar la experiencia en su totalidad: soltar la vista y, así, desplegar cada una de las variables contenidas en la acción; absorber cada partícula de la experiencia, activar los recuerdos ocultos, la memoria muscular, las anécdotas, la memoria afectiva, el control de los patrones de movimiento, el equilibrio y la coordinación en relación con el objeto físico.

Es, en ese sentido, que abrir el archivo “leña” constituye todo un acervo reconocido y elaborado por el artista, y que deja de ser un simple déjà vu de los ejercicios de 2018 para constituir, más bien, la extensión de una memoria consolidada en una acción que nunca termina de pasar; una acción que descansa en la magia de saber disfrutar de la lentitud del proceso, de no apresurarlo y, así, obtener mucho más de lo que se espera. 

Referencias consultadas:

Brea, José Luis. Cultura_RAM: mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica. Barcelona: Gedisa, 2007.

Merleau-Ponty, Maurice. Fenomenología de la percepción. Barcelona: Planeta-Agostini, 1984.

Nauman, Bruce. “Turning Ordinary Actions into Art with Bruce Nauman”. Art21, entrevista en video. Disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=2MPTwBGan04

UNIACC. Texto de sala de la exposición f1L0: dataLog, de Christian Oyarzún. Galería de Arte UNIACC, 2026.

Escrito por

Tatiana Julio

Artista visual, escritora e investigadora independiente. Licenciada en Artes por la UFT (2018) y Magíster en Artes por la Universidad de Chile (2022), actualmente cursa el Doctorado en Historia y Teoría de las Artes en la Universidad de Buenos Aires. Desde 2023 trabaja como asistente de investigación en Plataforma Arte & Medios, iniciativa chilena dedicada a los cruces entre arte, ciencia y tecnología. Ha presentado sus investigaciones en la XI Conferencia MediaArtHistories, Festival Internacional de la Imagen (Colombia), las V Jornadas Nacionales del Departamento de Filosofía (UBA, Argentina), el I Congreso de Archivos Audiovisuales de Arte (Argentina) y el I Congreso Corporalidades Sociales (España). Su trabajo artístico ha sido parte de exhibiciones como Escenas de lo virtual (Galería Espora, 2022), La comedia humana (MAC, 2022), Volver al futuro. 50 años UP (Galería Nemesio Antúnez, 2021), Artespacio Joven (Galería Artespacio, 2021) y Habitar hoy en Chile (Galería D21, 2020), entre otras. Es coautora de Volver al futuro. 50 años UP (Oxímoron, 2023), y en 2024 participó de la publicación Cuerpos en tránsito: explorando intersecciones emergentes y raíces culturales (Dykinson, España). Asimismo, ha escrito sobre artes mediales en Chile y el extranjero, colaborando con medios como Artishock, La Voz de los que Sobran, El Flasherito y PAM.

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