El cineasta, investigador y académico de la Universidad de Chile trabaja en el cruce entre inteligencia artificial, cine experimental y cultura técnica. Su investigación aborda una pregunta cada vez más urgente para las artes mediales: ¿cómo crear con máquinas sin quedar subordinados a ellas? En esa línea se inscribe Zoológico imaginario (2024), videoensayo que será parte de Imaginaciones del futuro, programa de la séptima versión del Festival Frontera Sur, que se realizará del 1 al 6 de junio en Concepción.
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Fue en una de las primeras conversaciones largas que tuvo con ChatGPT. El cineasta Sebastián Arriagada estaba entablando una discusión sobre literatura con la IA, comentándole su fascinación por El libro de los seres imaginarios, del argentino Jorge Luis Borges, e intentando sacar ideas para una nueva obra audiovisual. Y entonces el chat le propuso: “¿Por qué no vas al zoológico a grabar algunas imágenes?”. La idea la sorprendió; era algo que nunca habría pensado por sí solo. “Realmente ahí sentí la bofetada, porque tengo claro que la IA no es una entidad consciente, pero sí es capaz de hacerte producir cosas que no tenías consideradas”, dice Arriagada, quien efectivamente siguió el consejo.
Así nació Zoológico imaginario, un videoensayo grabado en el Zoológico Metropolitano que reflexiona sobre el cautiverio animal y el control humano sobre las máquinas, y que fue premiado en la edición de 2024 del Concurso Internacional Posthumanamente Hablando iA+, que se desarrolla en Perú.
Al año siguiente, Arriagada continuó su exploración del tema con El mono con la lengua afuera, un cortometraje realizado con inteligencia artificial que narra el encuentro entre un cineasta con un “mono araña” que lo observa con la lengua afuera, gatillando una serie de reflexiones. La más importante: “¿quién domestica a quién en la era de los datos?”, según se lee en la reseña de la obra. La historia salta en el tiempo a 1974, mostrando encuentros clandestinos dentro del zoológico en plena dictadura, y a 1984, al recordar una performance histórica realizada por el fallecido poeta Hernán Miranda, quien se encerró con su máquina de escribir en la jaula de los papiones.
El cortometraje fue realizado por Arriagada en el contexto del taller “Inteligencia artificial: imágenes futuras”, que imparte desde 2023 como profesor en la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad de Chile, y fue desarrollado en conjunto con el estudiante Emilio Urbina. La obra fue galardonada con el Best AI Generated Award del Sparknify Human vs. AI Film Festival de Silicon Valley.
Con estos trabajos, el cineasta ha estado analizando la posibilidad real de una coautoría con la inteligencia artificial y cómo es posible crear con máquinas sin quedar subordinados a ellas. “Lo peor que puedes hacer es producir un espejo, que la IA te diga que sí a todo, porque no logras crear un otro ente creativo. La clave es crear una entidad opuesta, tener un interlocutor, una contraparte que mantenga una mirada crítica de la obra”, explica.
Arriagada pertenece a una generación de artistas, cineastas y académicos que comenzaron a trabajar tempranamente con herramientas de inteligencia artificial generativa en Chile, no desde el entusiasmo corporativo, sino desde la experimentación crítica. También cultiva una línea más experimental, reacio a las películas largas y más cercano al formato cortometraje. Es admirador del trabajo de Jonas Mekas, Harun Farocki y Chris Marker, quiene, más que autores, son pensadores del cine.
Máster en Cine Documental por la Universidad de Chile y candidato a Doctor en Artes por la Pontificia Universidad Católica de Chile, Arriagada ha desarrollado talleres sobre imágenes generativas, cine e IA, e investiga las transformaciones culturales que producen los nuevos modelos algorítmicos. Hace poco publicó el ensayo “Imágenes dopadas. Nuevas reorganizaciones de la imagen en la época de los dominios algorítmicos”, en la revista académica ecuatoriana Fuera de Campo, donde explora precisamente esa tensión entre delegación creativa y cocreación algorítmica. Allí propone pensar ese fenómeno desde la idea de “dopaje visual”: imágenes optimizadas, intensificadas y estadísticamente modeladas para producir un rendimiento estético permanente.
En diálogo con autores como Donna Haraway, Gilbert Simondon, Vilém Flusser y Andrea Soto Calderón, Arriagada sugiere que el desafío contemporáneo no consiste en defender una pureza humana frente a la máquina, sino en construir formas de relación menos ingenuas con ella. “Siempre ha existido la falsedad en la fotografía. Siempre ha sido manipulada a través del montaje fotográfico, con Photoshop y otras herramientas, pero creo que hoy estamos viendo una alteración tremenda de las imágenes, algo que nunca habíamos visto antes y que cualquiera puede realizar. Frente a eso, creo que la pregunta correcta no es si la imagen es verdad o no, sino por qué confiamos tanto en las imágenes. Siempre las hemos tenido como testimonio de la verdad, cuando en realidad siempre han sido una construcción”, reflexiona.
Antes de que se sumergiera en el trabajo con la IA, el cineasta experimentó con las imágenes documentales. En 2023, para la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado, dirigió el proyecto de cine performativo 50 veces los hawker hunters bombardean el Palacio de La Moneda, que se exhibió en el Foro de las Artes de la U. de Chile. Para eso usó las imágenes originales filmadas por Pedro Chaskel, figura fundamental del cine documental chileno, y las reinterpretó 50 veces a través de técnicas de superposición de imágenes. Valentina Maza y José Tomás Molina colaboraron con una propuesta musical y performativa.
Luego en 2025, realizó también una versión performativa en vivo que reimagina el cortometraje experimental El estado soy yo, del cineasta Carlos Flores, y que fue realizada en el Auditorio Carmen Bueno - Jorge Müller de la U. de Chile, y luego presentada en el Centro de Arte Alameda y en la Sala de Cine de Ñuñoa.
En paralelo, y como parte de sus estudios de doctorado, Arriagada está trabajando con otro tipo de datos: las imágenes técnicas de los observatorios astronómicos del desierto chileno, que ya ha exhibido en su video instalación Flujos rectificados —presentada en el Festival de CIne de Valdivia de 2025—, donde propone entregar un acercamiento sensible a imágenes que han sido generadas no para ser objetos de contemplación, sino como infraestructuras de análisis.
“Mi pregunta de investigación del doctorado se desarrolló justo antes del boom de la IA, si no probablemente me habría volcado a eso. Pero me gusta la ciencia también, y ese problema de representación que siempre hemos tenido: cómo siempre pensamos en imágenes y cómo otras disciplinas, como la astronomía, entienden esas imágenes, qué significa para ellos. Por ejemplo, la primera fotografía que se obtuvo de un agujero negro es super representativo también de esa pregunta. Años construyendo un instrumento para ver esa imagen que hace saltar la duda sobre qué tanta intervención humana hay en la imagen final que sale al mundo”, reflexiona.
En esa misma línea, su último proyecto, que está trabajando con el Núcleo FAIR —grupo de investigación y creación interdisciplinario en Chile que estudia las implicancias culturales, sociales y ambientales de la IA— es una instalación performativa e interactiva en torno a los archivos de imágenes de cámaras trampa de la Patagonia. “Hay millones de imágenes de esas cámaras que nadie va a ver, porque fueron producidas sólo para que los ecólogos las analicen y las pongan en sus papers. Entonces estamos usando esas imágenes en una instalación que las reproduce de forma aleatoria en distintas pantallas y que, cuando alguien se acerca, el dispositivo lo detecta y lo hace ingresar como imagen al archivo”, cuenta Arriagada sobre el proyecto, que se expondrá en octubre en el Centro Cultural de España.

En uno de los pasajes centrales del ensayo “Imágenes dopadas…”, el investigador recupera una advertencia de Gilbert Simondon escrita en 1958: “La mayor causa de alienación en el mundo contemporáneo reside en este desconocimiento de la máquina”. La frase aparece como una clave para leer el presente. Mientras la inteligencia artificial reorganiza aceleradamente la producción cultural, el debate público parece oscilar entre dos extremos igualmente improductivos: la fascinación ciega y el rechazo automático.
“No sé si estoy a favor de la inteligencia artificial. Todavía no me he decidido bien”, dice Arriagada. “Lo que sé es que ya no hay marcha atrás. La decisión de que convivamos cotidianamente con una IA ya está tomada. No por nosotros, sino por la cantidad de plata invertida en esto”.
OpenAI, Google, Amazon y Microsoft son actores geopolíticos más que compañías tecnológicas. Las inversiones que hacen son ya imposibles de dimensionar y han dado paso a una aceleración histórica donde, en apenas tres años, la inteligencia artificial pasó de ser una curiosidad técnica a instalarse en prácticamente todas las industrias culturales.
“Hay todo un espacio más hacker que me interesa mucho desarrollar. Bajar modelos open source y entrenarlos en casa”, dice el cineasta. “Siempre fui malo para programar. Soy medio disléxico y me costaba mucho escribir código. Ahora trabajo mucho con Python [un lenguaje de programación de código abierto], con inteligencia artificial conectada directamente al computador que me va corrigiendo el código. Casi todos los investigadores de ciencias sociales lo usan para recoger datos y hacer estadísticas”, explica.
En el último año, también ha habido un resurgimiento del uso de Linux, el sistema operativo de código abierto y gratuito, que reemplaza a Windows o Apple. “Está pasando mucho que Windows no se está dejando actualizar en ciertos computadores, y eso hace que algunos softwares no se puedan instalar y queden obsoletos. Pero lo realmente importante es que con Linux puedes efectivamente ejercer una soberanía en tu computadora y es más privado, mientras que Windows está recopilando todo el tiempo tus datos”, señala.
La preocupación del cineasta de comprender a la máquina para no relacionarse con ella desde el miedo, la fascinación o la simple ignorancia es algo que imparte también en su taller de inteligencia artificial. No se trata únicamente de aprender a escribir prompts. Se trata de entender cómo operan los modelos, cómo se entrenan, qué sesgos poseen, qué tipo de imágenes privilegian. La inteligencia artificial nunca es neutral. Cada modelo tiene una personalidad: “son como sabores distintos”, dice.
ChatGPT, Claude, Grok son sistemas entrenados bajo datasets y alineamientos diferentes. “El dataset determina qué cosas aparecen y qué cosas no. Existe una homogeneización de la IA. Uno entra a Midjourney o Runway y muchas imágenes tienen la misma textura. Todo empieza a parecerse. Entonces pasan situaciones como que le pides a la IA que haga una animación japonesa y te va a tirar algo muy similar a Studio Ghibli que es la tendencia”, comenta.
Frente a esto, es interesante la línea de pensamiento que plantea Andrea Soto Calderón y que Arriagada sigue. Cuando se está creando hay que pensar “cuál puede ser hoy el uso subversivo de las herramientas, cuáles son nuestras estrategias actuales de desvío, cómo generar imágenes improbables desde usos no normativos de las nuevas tecnologías (...) Subvertir nuestras rutinas visuales”, dice Soto Calderón.
¿Qué problemas genera esta tendencia a la normalización estética de la IA?
Que hay una producción infinita de imágenes previsibles, y eso da paso a un achatamiento visual. El desafío es encontrar los bordes de la IA que te alejen de esa imagen promedio que ella alimenta. Y el arte, justamente, trabaja siempre en los bordes. Eso también se relaciona con la censura algorítmica. En general, los modelos de desarrollo como ChatGPT, Gemini o Runway son muy políticamente correctos. Entonces, si yo quiero hacer una recreación de los detenidos desaparecidos en el 73, no puedo, porque tengo que usar palabras que están censuradas como "tortura", por ejemplo. Una vez nos pasó que queríamos generar una imagen de una papá que iba con su hija en moto en medio de una protesta, y queríamos hacer que el padre abrazara con su mano las piernas de su hija, como protegiéndola, y no pudimos, porque con cada prompt que escribíamos la IA hacía saltar la alerta de crimen sexual. Entonces hay toda una franja de temas que quedan bloqueados automáticamente porque apelan a la violencia o la sexualidad, criterios que son muy moralizantes.


Periodista egresada de la Universidad de Santiago de Chile. Trabajó durante una década en la sección Cultura de La Tercera, donde cubrió temas de artes visuales, arquitectura y fotografía. Fue jefa de contenidos de Fundación Teatro a Mil. Hoy es subeditora de revista Palabra Pública.



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