Una artista nadadora logró juntar sus intereses: su pasión por el registro sonoro y nadar en la piscina. Es Fernanda Fábrega Rubio, directora del Club Sonoro Deportivo, proyecto colectivo que reúne a artistas, sonidistas y 24 nadadores, quienes fueron parte del concierto "NADA como una metáfora", cuyo registro puede escucharse en línea desde hoy a través de archivoveintidos.org
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¿De qué manera dialogan la natación, el arte y la respiración? ¿Es posible registrar el sonido del agua? ¿Pueden nacer metáforas del agua en movimiento? ¿Es posible hacer un concierto en una piscina? ¿Grabar un disco de esa experiencia?
La artista e investigadora Fernanda Fábrega Rubio lleva por lo menos cinco años intentando responder estas preguntas. Indagando. Estudiando. Convocando. Pero, sobre todo, nadando. Y, de esta manera, haciendo realidad un proyecto colectivo que funde la experimentación sonora y deportiva llamado Aproximaciones subacuáticas.
“La idea de registrar sonidos subacuáticos surgió cuando retomé la práctica de natación en formato libre. Como una forma de autoentrenarme, fui trazando metas de distancia sin detención, con el fin de alcanzar resistencia en nado continuo durante la mayor cantidad de tiempo posible. Descubrí que una de las cosas que me ayudaba a alcanzar este objetivo era concentrarme en mi respiración y en su vibración-sonido bajo el agua”, señala Fernanda, directora del proyecto Club Sonoro Deportivo y magíster en Artes Mediales por la Universidad de Chile.
El Club Sonoro Deportivo, que cuenta con una página de Instagram (@clubsonorodeportivo) y un sitio web (www.clubsonorodeportivo.cl), también está conformado por Matías Serrano Acevedo, artista sonoro; Santiago Corvalán Garretón, sonidista; Gissela Cabrera, profesora de educación física y experta en actividades acuáticas; y Sebastián Arriagada, artista medial.
“Me pregunté si era la atención en lo vibratorio y en el sonido lo que permitía el desarrollo de este fenómeno conocido como ‘la zona’: un momento en que la capacidad corporal parece ser infinita. O si, así como en la playa hay una dimensión sonora única que potencia las acciones corporales, la piscina tenía una situación sonora ideal, pues es inmersiva”, cuenta Fernanda quien, junto a su equipo y 24 nadadores, hicieron posible el concierto NADA como una metáfora, el pasado 28 de marzo, en la piscina del Campo Deportivo Juan Gómez Millas, de la U. de Chile. Parte de esta experiencia, junto con entrevistas a sus participantes, quedó documentada en el video del proyecto Aproximaciones subacuáticas.
El registro de ese concierto en vivo, para el cual se utilizaron hidrófonos -micrófonos diseñados para captar lo que ocurre bajo el agua-, se compone de nueve momentos que integran sonidos ambientales y subacuáticos. Este material da forma a un disco homónimo, que se lanza hoy, 22 de julio, en formato digital a través de Archivo Veintidós (www.archivoveintidos.org).
Oír el agua. Podría ser el sonido de millones de pequeñas campanas vibrando, al mismo tiempo a lo lejos. El registro de los pasos de una persona sobre un piso enlozado. Podría ser la experiencia de estar sentado junto a un río y oír solo el fluir de la corriente. Podría ser una sala llena de relojes vibrando al ritmo de los segunderos.
Quizás por eso resulta tan acertado y estimulante el título del disco que podremos escuchar a partir de este mes, NADA como una metáfora, ya que contiene múltiples miradas, escuchas e interpretaciones.
“Nosotrxs entregamos algunos conceptos mediante un juego, pero quien puede resolverlo en la experiencia es cada cual. Para mí, a veces, nadar como una metáfora implica abandonar lo conocido y crear una atmósfera. Otras veces, simplemente es reconocer el valor de lo poético. Hay un sinfín de maneras de otorgar significado. Pero la experiencia fue inspiradora: me encantó ver la atmósfera de la pieza, a los participantes y al público”, señala Fernanda Fábrega Rubio, al recordar aquel día de marzo cuando grabaron en la piscina del Campo Deportivo Juan Gómez Millas. El resultado fue una labor improvisada y, a la vez, controlada.

“Uno tiene la idea de que puede controlar muchas cosas, pero la verdad es que los trabajos de experimentación o creación son lentos, llenos de avances y retrocesos y, finalmente, todo termina siendo una negociación. La infraestructura del edificio, o la masa de sonidos bajo el agua, la humedad o la confrontación con un público son todas dimensiones más bien incontrolables”, comenta la artista y nadadora, quien reflexiona sobre la manera en que se efectuó el disco NADA como una metáfora y también habla de sus futuros proyectos.
¿Cómo se fue desarrollando el trabajo para llegar a materializar el disco?
Una vez comenzado el proyecto Aproximaciones subacuáticas, solo teníamos en mente que queríamos hacer un trabajo colectivo que permitiera alcanzar objetivos de investigación artística y, a su vez, aportara otras perspectivas del deporte a sus participantes. Para abordarlo, creamos una metodología de ejercicios sonoros y deportivos que llevaríamos a cabo en cada sesión, con el objetivo de crear un concierto sonoro en la piscina. Pero lo más relevante era comprender que se trataba de un trabajo procesual y grupal, y que la composición de la pieza se iría armando en relación con lo que sucediera en cada sesión. El concierto ya no era la única forma de presentar el trabajo realizado, aunque sí era la meta que nos convocaba. Con la creación de momentos sonoros que dieran forma y estructura al concierto, nació la idea de registrar el sonido del concierto en vivo para crear también un fonograma.
¿De qué manera cambia la percepción del propio cuerpo cuando la escucha ocurre bajo el agua?
Creo que estar en inmersión permite comprender con mayor facilidad una escucha no coclear. Gran parte de la escucha que sucede bajo el agua es a través de la piel, por medio de vibraciones que ocurren en el desplazamiento. El sonido viaja más rápido en un medio acuático y esto tiende a entenderse como una ventaja. Sin embargo, en el ámbito de la escucha, el cambio estructural, para mi, es que el espacio subacuático es muy distinto: resulta más confuso y el propio cuerpo está constantemente presente. No solo lo que ocurre fuera del agua queda lejos del alcance de quien está dentro, sino que, para manejar el cuerpo sumergido, es necesario trabajar la respiración, que es pura vibración de burbujas desplazándose hacia la superficie.
¿Qué diferencia crees que existe entre un nadador que ejecuta un ejercicio y un performer que realiza una acción dentro de la piscina?
En principio, hay muchísimas diferencias que guardan relación con el objetivo de la acción. El nadador se entrena para competir y, por tanto, la perfección de la técnica de los cuatro estilos y la reducción del tiempo son fundamentales. El performer también actúa en relación a estas variables, pero de otra manera, ya que el objetivo no es llegar primero, sino crear diversos momentos compositivos. Por supuesto, el esfuerzo físico es demandante en ambos, ya que muchas de las acciones son complejas y se realizan en un medio acuático: por ejemplo, vocalizar mientras se ejecutan nados subacuáticos o improvisar grupalmente. De todas formas, los cuerpos se disponen en este medio de maneras radicalmente distintas. El cuerpo de un performer actúa buscando una poética.

¿Piensas el agua como un medio de transmisión, como un instrumento o como un agente activo dentro de la obra?
Pensamos más en el agua como un medio de inmersión y la piscina como un instrumento difícil de delimitar o controlar. Creo que cualquier objeto es activo, pues provoca reacciones, desvíos y formas de aproximación. En este sentido, tal vez el agente activo sea el recinto ampliado de la piscina, ya que su acústica es determinante a la hora de abordar tanto la performance como el concierto en vivo.
¿Qué posibilidades estéticas aparecen en la piscina que no podrían producirse en una sala de conciertos o en un espacio expositivo?
El espacio de la piscina es bastante particular y muy distinto de los espacios de exhibición convencionales. Tal vez los aspectos más obvios que puedo destacar sean la humedad y la acústica. La piscina es constantemente monitoreada para mantener el agua a temperatura y condiciones idóneas para lxs nadadorxs. Por otra parte, los recintos deportivos tienden a tener mucha reverberación, tanto por sus dimensiones como por sus materiales de construcción, principalmente hormigón armado o cemento y vidrio.
Mucho de lo que pasó en el concierto fue planificado, pero algo que no manejamos del todo fue la atmósfera que se crearía en el espacio. La humedad, el vidrio empañado y el reflejo de la luz de media tarde sobre el agua potenciaron muchísimo ciertos momentos donde el tiempo transcurría lentamente, provocando incluso cierta ensoñación o letargo por parte de lxs espectadorxs. También creo que está la posibilidad de un encuentro más cercano, si entendemos los espacios deportivos como lugares menos mediados y menos exigentes para el espectador.
¿Qué otros proyectos, asociados o no a Aproximaciones subacuáticas, te gustaría realizar?
¡Tenemos muchísimas ideas que han salido del grupo! Actualmente, estamos haciendo una residencia de publicación en el Laboratorio GPA de la Universidad Finis Terrae, en la que estamos trabajando sobre escritura, visualidad y sonido a partir de la onomatopeya. Los materiales de trabajo han sido las bitácoras de los participantes que quisieron entregarlas para desarrollar esta investigación. Por otra parte, deseamos trabajar en la espacialización del registro sonoro y audiovisual. Para eso, estamos haciendo nuevas grabaciones, preparando postulaciones y tomando algunos cursos. De todas formas, para mí lo más relevante sería repetir la experiencia con los performers actuales o bien crear talleres en donde se puedan explorar los ejercicios que fuimos aplicando.


Ha trabajado como periodista en los diarios La Nación, Las Últimas Noticias y La Tercera. Además, ha colaborado en medios y revistas como The Clinic, Anfibia, Abismo, Palabra Pública, Dossier y Santiago. Es autor del libro de poesía Último paseo (2008) y la crónica Rostros de una desaparecida (2022, reedición 2026).



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