En «Alzar curva la mirada», Francisco Belarmino convierte una pantalla publicitaria abandonada del ex Centro Arte Alameda en el punto de partida para investigar la imagen, la ruina urbana y los dispositivos tecnológicos que transforman la ciudad. La muestra estará abierta hasta el 28 de agosto en la Sala Micromedios de la Universidad de Chile.
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Somos exploradores y la imagen digital es nuestra nave. En ella visitamos simulaciones cilíndricas, módulos de interferencias y, recientemente, incluso un Objeto Terminal No Identificado (OTNI). Poco a poco, nos adentramos en un imaginario que nace del registro al interior de una pantalla curva –sí, desde el interior de una pantalla curva– y que expande su significado mediante la reconstrucción, la ralentización y el montaje audiovisual. Se trata de un núcleo gravitacional que permite al espectador –y a las propias obras– oscilar constantemente entre lo bidimensional y lo tridimensional, entre la ficción y la realidad, entre las transformaciones del cuerpo, la tecnología y la ciudad.
“Alzar curva la mirada”, exposición del artista Francisco Belarmino -docente de la Escuela de Arte de UNIACC y del Magister de Investigación y Creación de la Imagen de la U. Finis Terrae-, surge de una investigación sostenida sobre los dispositivos de visualización y las formas en que estos mediatizan las nociones de cuerpo y subjetividad. En esta oportunidad, centra su atención en las posibilidades técnicas y visuales de la pantalla y transforma la Sala Micromedios, ubicada en el segundo piso de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, en una expedición que nos invita a recorrer las distintas estaciones del sobrevuelo de un dron por el interior de una pantalla instalada en el centro de la capital.
Todo comienza en las ruinas del ex Centro Arte Alameda. Consumido por un incendio a finales de 2019, el edificio permanece desde entonces en un estado de casi total abandono. Entre grafitis, estructuras deterioradas y el polvo acumulado con el paso de los años, descansa sobre la azotea una gigantesca pantalla que da origen a esta propuesta: un ejercicio de observación sostenida sobre un elemento que forma parte del paisaje cotidiano del artista. Se trata de una imagen persistente, visible desde su ventana, cuya presencia ha acompañado su experiencia diaria. Durante años, Belarmino ha seguido las transformaciones y modificaciones de esta pantalla, pero, sobre todo, se ha interrogado por las posibilidades estéticas de un dispositivo que permanece en desuso y continúa habitando el paisaje urbano.

Tatiana Julio: Es muy surrealista; tiene incluso esa estética medio de IA. Es interesante pensar cómo estos espacios, estos microuniversos –que debe haber un montón a lo largo de la ciudad– pasan desapercibidos mientras caminamos por la superficie. Es una tremenda oportunidad poder ver lo que ocurre en su interior. Debe ser extrañísimo abrir la ventana y encontrarte con este paisaje entre distópico y espacial; probablemente ambos al mismo tiempo.
Francisco Belarmino: Sí, en esta obra el tema de la estación espacial está súper presente. La película Interestelar fue un punto de referencia para la construcción del relato. A Vicente (Domínguez), el curador, también le interesó mucho esta imagen y decidimos empezar a trabajar en torno a esto como puntapié de esta muestra. También pensarlo así: es una nave.
Por eso me pareció oportuno meterme adentro de la pantalla con un dron y grabar a 240 cuadros por segundo. Así, puedes ralentizar también el giro del dron y darle este aspecto como de estación espacial, para luego hacer la corrección de color y acentuar esa relación. Además, tiene relación con otra obra que hice el año pasado, que hace alusión a un agujero negro. Entonces, hay algo ahí que se viene manifestando.
Pero los vínculos entre Interestelar y la propuesta de Belarmino no se agotan sólo en la estética que ambas comparten. La película de 2014, dirigida por Christopher Nolan, transcurre en un mundo deteriorado, cubierto por el polvo, y narra la historia de una sociedad que busca sobrevivir frente a la hostilidad de su entorno. De manera similar, el ex Centro Arte Alameda permanece en pie pese al progresivo deterioro que lo atraviesa, convirtiéndose en el escenario donde el tiempo se manifiesta como una fuerza inclemente que erosiona la arquitectura y envejece la ciudad.
Un deterioro permanente que amplía las posibilidades de desplazamiento en la imagen vista, en la imagen registrada, reproducida y, más importante aún, en la imagen encuadrada. En ese tránsito se expande también nuestra sensibilidad, pues el encuadre revela la flexibilidad del espacio y una plasticidad que emerge de la zona gris e intermedia del objeto. Cuando fijamos la mirada sobre él, todo puede cambiar: el objeto cambia con nosotros y esa pantalla abandonada parece reclamar su propia culminación.
Lo bello de esta operación reside en la naturalidad de su flujo: no hay apuro. El recorrido presente en Objeto Terminal No Identificado (OTNI) (2026) –video que forma parte de la exhibición– se desarrolla con la suavidad de una órbita que avanza serenamente, acompañado por la sencillez de un movimiento que no ofrece resistencia. De hecho, este movimiento existe gracias a la destreza con que Pedro Durán –cinematógrafo especializado en sobrevuelos con dron– maneja esta otra nave con la que logra capturar, a través de un pulso finísimo, las imágenes que nos llevan a disfrutar de este pequeño viaje. La danza lenta, sutil e hipnótica se despliega en un loop de 12 minutos y 2 segundos, que culmina con la transformación de la sala de exhibición —y del interior de la pantalla— en una estación espacial.
Al mismo tiempo, tenemos la posibilidad de recorrer una estructura que nos permite dimensionar físicamente lo que significa encontrarse con este espacio en medio de la ciudad, con esta nave compuesta por vigas y pantallas averiadas que da forma a Módulos de interferencias (2026), una videoinstalación con sonido estéreo construida a partir de una estructura de Metalcon y MDF, de 150 cm de diámetro por 210 cm de altura. A través de esta obra, el artista disecciona sus componentes para comprender el origen y la plasticidad no solo de la imagen, sino también de los soportes que hacen posible su aparición y transmisión; es decir, de la estructura técnica que la sostiene.
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FB: Me interesaba poder meterme en este ejercicio de sacarle la carcasa a todo, ver qué pasaba por dentro. Entonces, tenía esta imagen inicial y dije: bueno, tengo que hacerme cargo de esta estructura, de este imaginario. Yo creo que siempre está la ciudad, la pantalla, la tecnología, pero también el cuerpo, la subjetividad, el paisaje, la reconstrucción del paisaje. Voy transitando entre esas cosas.
Me interesa mucho la relación entre el cuerpo y la tecnología, entre el cuerpo y el espacio. Generalmente, trabajo con la pantalla; la pienso como un cuerpo. Tengo un poquito de obsesión con el volumen, en este caso; con las pantallas curvas o con las que tienen otros formatos y otras escalas, y con la ruina de esta pantalla en forma de C. Por eso, después, en postproducción, modifiqué la imagen y, de alguna manera, la terminé. De ahí surge la circunferencia completa, la forma que yo creo que debería tener. También me interesaba la cuestión de la escala humana y cómo este objeto irrumpe en el paisaje, cómo todas estas casas dan, finalmente, con la pantalla.
TJ: Claro. Además, el recorrido que hacemos al momento de ingresar en la sala acompaña ese juego entre las escalas y las formas que puede tener esa pantalla. Es curioso llegar y comenzar a caminar sin darnos cuenta de que estamos siguiendo la lógica del movimiento que hay en el video, la lógica de la forma curva de la pantalla, de donde sale todo al final.
El proceso de descubrir la imagen en la instalación implica también desplazarse de la misma forma en que lo hace el dron. Esa lentitud del paso me parece súper interesante, también el impedimento de ver la imagen completa por el deterioro de la misma pantalla. Eso habla de cómo nos podemos llegar a relacionar con la estructura original y con la imposibilidad de verla completamente. Eso que no vemos desde fuera se traduce en un pequeño traslado de la estructura: en una viga, en una alusión al óxido, a la corrosión, a los desperfectos, y que nos lleva a querer recorrerla una y otra vez.
FB: Sí. Además, sigue la idea de este semicírculo que, al final, se convierte en una circunferencia completa. Por ejemplo, acá estás viendo algunos tatuajes… perdón, grafitis que tiene la pantalla.
TJ: Igual podríamos verlo como los tatuajes de la pantalla.
FB: Sí, de todas maneras. Son relaciones de las que uno no se da cuenta, pero que van apareciendo en el camino. Por ejemplo, acá voy mezclando estas imágenes con una fotogrametría para poder recorrer la pantalla por dentro. No es exacto al cien por ciento, pero esas imágenes son parte del estudio.
Acá puse una pantalla que estaba completamente rota, por lo que la imagen es una cuestión más bien pictórica, que acompaña y tensiona. Y bueno, pensando en cómo sigo este relato de ficción, ahí aparece esa otra imagen que parece un sol, en la que voy probando vistas de esa nave, pero que, en realidad, es el flash de la cámara frente a una pantalla apagada. Me parecía interesante que una cuestión tan sencilla pudiera llevarte también a otro lugar.
TJ: Sí, es genial cómo un gesto tan simple puede construir un espacio independiente y cómo, a partir de la idea de nave, podemos ir visitando esos lugares totalmente ficcionales y, al mismo tiempo, contrastarlos y darnos cuenta de que la nave, en realidad, nunca fue una nave.

De todas maneras, el contraste –o la vuelta a la realidad, si se quiere– no aparece hasta ver Curved Screen 2 - Simulación Cilíndrica (2020), un fotomontaje de impresión Giclée Fine Art de 70x70 cm que captura un plano más abierto del lugar en cuestión, aunque intervenido por el artista. Acá podemos hacer otro tipo de relaciones con el espacio: ver la ciudad, los edificios, las ventanas, las huellas, las marcas, las puertas y la azotea misma, que nos cuenta, en el fondo, desde dónde surge esta imagen.
Este ejercicio pone de manifiesto la importancia del encuadre y de la forma en que organizamos la información, pues ambos son capaces de reconducir y resignificar los elementos que conforman el presente. No de manera definitiva, sino durante un tiempo lo suficientemente prolongado como para dejar de mirar el polvo que cubre la ciudad mientras caminamos y detenernos a observar una nueva capa de realidad. Se trata de un ejercicio de registro, recorte y encuadre que nos conduce de la pantalla a la estación espacial.
Es a partir de este nuevo sistema de relaciones que el dispositivo se descontextualiza por completo de su función original para revelar otras cualidades materiales y visuales. El óxido, la corrosión, los grafitis –entendidos como "tatuajes" que marcan su cuerpo–, las luces, las sombras, el sonido y el movimiento conforman un ambiente inmersivo que oscila entre lo terrestre y lo extraterrestre, invitando al espectador a permanecer en él.
TJ: Siento que es algo que te puedes quedar mirando horas sin aburrirte. Las luces, las sombras, el sonido, la velocidad con la que se recorre la estructura… Está todo muy bien articulado.
FB: Sí, esos puntos eran súper importantes. Esto lo grabé en marzo; hicimos dos días de grabación y, de hecho, hice dos tipos de estas imágenes. Las primeras tenían un día nublado, por lo que no tenían estas sombras. Después, me cuestioné el tema del sol, porque no cachaba muy bien qué iba a haber en el espacio.
Al final, pude ver todo bien. Este fue un trabajo muy ligado a ir al lugar, fue todo un proceso de descubrimiento. Además, es un lugar abierto a la modificación, donde las personas, al encontrar un espacio vacío, van dejando sus propias marcas, lo hacen propio, van y ponen estos mensajes, estos grafitis. Yo también voy y hago esos traslados; lo mismo ocurre con la imagen, el dron y el sonido, por ejemplo. Voy mezclando, ralentizando, justamente, para que el conjunto tenga esta característica ambiental.
De esta forma, mientras escuchamos el tiempo girar dentro de la nave, nos sentimos flotar en el interior de los pequeños universos alojados en edificaciones, estructuras, pantallas y azoteas a lo largo de la ciudad. Efectivamente, este conjunto de obras se encuentra tan cuidadosamente articulado que ninguno de sus elementos se impone sobre los demás. Por el contrario, todos dialogan entre sí y construyen una experiencia envolvente, en la que el tiempo parece suspenderse y la mirada encuentra siempre un nuevo detalle sobre el cual detenerse.
“Alzar curva la mirada” pone de manifiesto el potencial de la práctica artística como investigación, haciendo visible un universo a través de la observación sostenida. Basta una mirada dispuesta a detenerse para que un fragmento de ciudad deje de ser una ruina y se convierta en un espacio por explorar.
Allí donde el tránsito cotidiano sólo reconoce una estructura abandonada, Francisco Belarmino descubre un campo abierto a nuevas relaciones, donde la pantalla deja de ser un soporte para convertirse en un cuerpo, en una arquitectura y, finalmente, en una estación espacial. Somos "exploradores, los últimos componentes de nuestra nave más versátil en órbita" y, tal vez, nuestra labor consista precisamente en descubrir que, sin abandonar la Tierra, todavía es posible encontrar universos por observar.

Betancour, F. (2024, 18 de octubre). El presente del histórico lugar donde funcionaba el Cine Arte Alameda a cinco años de su incendio: sin reconstrucción y con el terreno a la venta. The Clinic. https://www.theclinic.cl/2024/10/18/el-presente-del-historico-lugar-donde-funcionaba-el-cine-arte-alameda-a-cinco-anos-de-su-incendio-sin-reconstruccion-y-con-el-terreno-a-la-venta/
Domínguez, V. (2026). Alzar curva la mirada [Texto de sala].
Nolan, C. (Director). (2014). Interstellar [Película]. Paramount Pictures; Warner Bros. Pictures; Legendary Pictures; Syncopy.

Artista visual, escritora e investigadora independiente. Licenciada en Artes por la UFT (2018) y Magíster en Artes por la Universidad de Chile (2022), actualmente cursa el Doctorado en Historia y Teoría de las Artes en la Universidad de Buenos Aires. Desde 2023 trabaja como asistente de investigación en Plataforma Arte & Medios, iniciativa chilena dedicada a los cruces entre arte, ciencia y tecnología. Ha presentado sus investigaciones en la XI Conferencia MediaArtHistories, Festival Internacional de la Imagen (Colombia), las V Jornadas Nacionales del Departamento de Filosofía (UBA, Argentina), el I Congreso de Archivos Audiovisuales de Arte (Argentina) y el I Congreso Corporalidades Sociales (España). Su trabajo artístico ha sido parte de exhibiciones como Escenas de lo virtual (Galería Espora, 2022), La comedia humana (MAC, 2022), Volver al futuro. 50 años UP (Galería Nemesio Antúnez, 2021), Artespacio Joven (Galería Artespacio, 2021) y Habitar hoy en Chile (Galería D21, 2020), entre otras. Es coautora de Volver al futuro. 50 años UP (Oxímoron, 2023), y en 2024 participó de la publicación Cuerpos en tránsito: explorando intersecciones emergentes y raíces culturales (Dykinson, España). Asimismo, ha escrito sobre artes mediales en Chile y el extranjero, colaborando con medios como Artishock, La Voz de los que Sobran, El Flasherito y PAM.



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